ponemos el Renault Kwid Forastero a prueba, un modelo que viene peleando por los autos urbanos en el país desde 2021 y que ahora cuenta con algunas mejoras. ¿Cómo salió? Esa es la misma pregunta que nos hacíamos nosotros.
Sin querer, en dos años conocí mucho el Kwid, el pequeño coche urbano de Renault fabricado en Brasil para los mercados del Mercosur.
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Probando el Renault Kwid Outsider
Llegó el momento de probar, como siempre, primero había que arreglar el puesto de conducción. Una vez más, un problema que este Kwid no solucionó, pese al cambio de fase: ni el asiento ni el volante tienen regulación de altura (y el E-TECH tampoco la tiene).
Nadie parece haberlo cuestionado, pero entonces se puede recurrir a la única solución posible, que tampoco es ideal: reclinar aún más el respaldo. Al final, tampoco es una posición natural y, a la larga, acaba cansando.

Sin embargo, ajuste los espejos retrovisores con los botones en el lado izquierdo del tablero, cambie a primera velocidad y salga. Por el sonido que emite recuerdo que se trata del mismo motor 1.0 litro de 66 CV del Stage 1, un motor que por su carácter de tres cilindros vibra un poco e incluso traslada esta tendencia al pedal del embrague. Nada muy notorio, pero para los más exigentes, se nota.
Bastan unos pocos kilómetros para que el Kwid deje claro que la carretera está donde debe estar. En primer lugar, porque la caja de cambios manual de cinco velocidades está optimizada con relaciones muy cortas, por lo que el coche no necesita subir el cuentarrevoluciones para ganar velocidad (aquí se beneficia de su bajísimo peso en vacío, que es de casi una tonelada). Es fácil salir sin demora en cada semáforo en verde o entrar en cualquier rincón que el tráfico permita para coches de este tamaño.
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